La neurociencia explica por qué disfrutamos del cine de terror y pasar sustos

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La neurociencia se propone explicar el porqué disfrutamos del cine de terror y cómo el pasar sustos puede ser una experiencia satisfactoria. En la actualidad, podría decirse que el género del terror está en tendencia en la industria. La tremenda recepción de videojuegos como Resident Evil: Requiem y películas como Backrooms son prueba de ello.

Algunos hablan de una nueva época para el cine de terror. “No sé si es exagerado, pero tanto en cantidad como en calidad creo que estamos en un momento muy interesante», apuntó Josemi Beltrán, director del festival de Cine Fantástico y de Terror. Evento que se celebrará este fin de semana en San Sebastián, España.

El éxito del terror como género, en especial entre las audiencias jóvenes, levanta una pregunta interesante: ¿por qué a las personas les fascina tanto el horror? Para responder a ello, Joaquín Píriz, investigador de Ikerbasque del Instituto Achucarro de Neurociencia ofrece sus conocimientos sobre el tema.

La neurociencia explica por qué disfrutamos el cine de terror

Joaquín Píriz estudia cómo el ser humano aprende el miedo y cómo este se generaliza en situaciones no amenazantes. El experto asegura que el éxito detrás de las producciones del cine de terror está estrechamente relacionado con la edad de la audiencia.

“El miedo está asociado al aprendizaje. La mayoría de los miedos que tienen los humanos se adquiere a través de la experiencia, por ello con los años vamos adquiriendo más temores, pero al mismo tiempo aprendemos a controlarlos”, explicó. 

Este patrón se junta también con la propensión a asumir riesgos. Durante la infancia, este último es menos frecuente, tiende a dispararse en la adolescencia y luego disminuye en la adultez. Esta sería la razón por la cual los adolescentes tienen menos miedo.

Píriz define el miedo como “la sensación de un peligro inminente que no se puede evitar”. El investigador lo presenta como una respuesta adaptativa para evadir amenazas y mantenerse a salvo. De hecho, asegura también que los humanos tienen pocos terrores que sean innatos. 

Uno de estos serían los ruidos fuertes, un recurso que los directores del cine de terror utilizan con frecuencia. “Si bajamos el volumen en el cine, la película no da miedo. Es una forma perfecta de arruinar una experiencia divertida”, señala Píriz.

Emociones que divierten

Cuando las personas se exponen a una situación que les produce temor, el organismo emite una reacción que nos obliga a decidir si enfrentar o huir del peligro. “La primera reacción tiene que ver con una conexión entre el cerebro y el cuerpo, donde se activa el sistema nervioso simpático, que es el que libera la adrenalina. Eso produce vasodilatación y reduce la sensación de malestar y dolor. El cuerpo se prepara para luchar o correr”.

Aunque parece que el miedo es una emoción negativa, este tipo de experiencias que ofrecen las películas de miedo lo convierten en algo divertido. Según Joaquín Píriz, el espectador se entrega a la sensación de peligro porque sabe que no es real.

De esta manera, la neurociencia nos dice que experimentar el gran alivio de saber que el cine de terror no es real es lo que permite a las audiencias disfrutarlo de tal forma.

Con información de El Día / Redacción de Neuroweb

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