Desde tiempos inmemoriales, se ha dicho que «los ojos son la ventana del alma». Esta afirmación, más allá de lo poético, tiene un sustento biológico fascinante: el rostro humano posee decenas de pequeños músculos capaces de transformar nuestra expresión en milisegundos.
Sin embargo, la ciencia actual está mirando más allá de los párpados, enfocándose en un rincón más profundo: la pupila.
¿Pueden las pupilas revelar sentimientos?
Investigaciones recientes sugieren que los patrones de contracción y dilatación de las pupilas podrían exteriorizar estados emocionales definidos. Pero, ¿qué nos dicen exactamente estos movimientos? La respuesta varía según la lente científica con la que se mire.
Por un lado, la teoría dimensional de Lisa Feldman Barrett sostiene que las emociones son constructos culturales y mentales; bajo esta premisa, no existiría un cambio orgánico específico en el ojo para la «tristeza» o la «ira», ya que estas son etiquetas lingüísticas para experiencias complejas y únicas.
Para los defensores de esta postura, cualquier variación pupilar fuera de la respuesta a la luz podría ser simple «ruido» del sistema nervioso.
Evolución en la mirada
En contraste, la teoría de las emociones básicas de Paul Ekman propone que existen estados universales e innatos tallados por la evolución. Desde esta perspectiva, cada emoción tendría un patrón fisiológico distinto. Aquí, la pupila no solo reacciona, sino que comunica el grado de activación nerviosa del individuo.
Aunque el debate entre el constructivismo y el evolucionismo continúa, lo cierto es que la pupila parece ser un puente entre nuestra biología más primitiva y nuestra vida social.
Aunque todavía queda margen para la interpretación, la ciencia refuerza la idea de que nuestro mundo interior se proyecta, punto por punto, en el centro de nuestra mirada.
Información de Psicología y Mente / Redacción Neuroweb
No dejes de leer: ¿Soñar entrena al cerebro para situaciones de amenaza y supervivencia?
Sé parte de nuestra comunidad en nuestras redes sociales
