Un hongo reabre el debate sobre la relación entre la psilocibina, el cerebro y las experiencias espirituales

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La investigación científica sobre la psilocibina está llevando a la neurociencia hacia una pregunta que durante décadas parecía difícil de abordar: ¿Qué ocurre cuando una persona experimenta una profunda sensación de trascendencia y experiencias espirituales cuando entra en juego la psilocibina?

El debate cobró especial interés a partir de investigaciones realizadas con voluntarios sanos, entre ellas un estudio publicado en 2006 por Roland Griffiths y su equipo de la Universidad Johns Hopkins. Los participantes describieron algunas de las experiencias provocadas bajo condiciones controladas como acontecimientos especialmente significativos en sus vidas.

El interés científico no se limita a determinar si la psilocibina puede generar estados alterados de conciencia. También busca comprender por qué determinadas experiencias presentan características similares a las descritas por personas dedicadas a la meditación o a prácticas contemplativas.

Qué ocurre en el cerebro durante la experiencia

La psilocibina actúa principalmente sobre los receptores de serotonina 5-HT2A. Su actividad está relacionada con modificaciones importantes en la comunicación entre distintas regiones cerebrales.

Uno de los elementos estudiados es la llamada red neuronal por defecto, un conjunto de regiones asociadas con procesos como la autorreferencia, la construcción del sentido del yo y determinados patrones de pensamiento repetitivo.

Las investigaciones mediante neuroimagen citadas en el análisis apuntan a que la psilocibina puede alterar temporalmente la organización habitual de esta red y favorecer una mayor comunicación entre áreas cerebrales que normalmente mantienen una interacción más limitada.

Este fenómeno resulta particularmente relevante porque algunas investigaciones sobre meditación también han observado modificaciones en la actividad de la red neuronal por defecto. Sin embargo, esto no significa que ambos estados sean exactamente iguales ni demuestra por sí mismo la existencia de una realidad sobrenatural.

Ciencia, mística y una pregunta que continúa abierta

El punto más controvertido aparece cuando la experiencia neurológica se interpreta desde una perspectiva filosófica o religiosa.

Que una experiencia espiritual pueda relacionarse con determinados procesos cerebrales no demuestra que sea falsa. Del mismo modo, tampoco constituye una prueba científica de que exista una entidad divina detrás de ella. La neurociencia puede estudiar los mecanismos asociados con la experiencia, pero no determinar por sí sola qué significado metafísico tiene para quien la vive.

La literatura sobre experiencias místicas identifica elementos que aparecen con cierta frecuencia: sensación de unidad, modificación de la percepción del tiempo, pérdida parcial de los límites del yo, dificultad para describir lo vivido y una impresión de profundo significado.

El debate, por tanto, cambia de terreno. Ya no se trata únicamente de decidir si estas experiencias son producto de la química cerebral, sino de comprender qué relación existe entre los mecanismos neuronales, la percepción subjetiva y la interpretación que cada persona construye posteriormente.

La cuestión permanece abierta en la neurociencia, la psilocibina permite observar con herramientas modernas procesos que anteriormente solo podían describirse mediante testimonios religiosos, experiencias espirituales, filosóficos o contemplativos. Lo que todavía no puede resolver un escáner cerebral es qué hace una persona con aquello que experimenta cuando el efecto desaparece.

Con información de Jotdown / Redacción Neuroweb 

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