La educación de los niños suele estar acompañada de una presión creciente por conseguir buenos resultados académicos. Mejores calificaciones, aprendizaje temprano, idiomas y numerosas actividades extraescolares pueden terminar convirtiendo la infancia en una competencia permanente. Frente a esta visión, un doctor en Biología, profesor e investigador de la Universidad de Barcelona y especialista en neuroeducación, plantea una perspectiva diferente. Durante una conversación con el podcast Negocios de Otro Planeta, defendió que el objetivo de la educación no debería ser formar alumnos considerados brillantes, sino personas con ganas de continuar aprendiendo sobre la neurociencia en niños por David Bueno.
Bueno cuestiona además la idea de clasificar a los estudiantes como «listos» o «tontos». A su juicio, existen diferentes ritmos de aprendizaje y que un alumno necesite más tiempo para adquirir determinados conocimientos no significa que tenga menor capacidad.
Desde esa perspectiva, el bienestar adquiere mayor relevancia que la competición académica. El especialista resume su posición con una frase contundente: no hacen falta niños genios, sino niños que se sientan felices.
Curiosidad y confianza, dos elementos esenciales
Para Bueno, la curiosidad desempeña un papel fundamental en el aprendizaje porque impulsa al niño a buscar respuestas y mantener el interés por descubrir. La confianza, por su parte, permite afrontar ese proceso sin miedo a equivocarse.
Esta combinación también tiene implicaciones en la manera en que los adultos responden a las preguntas e ideas de los niños. En lugar de descalificar una ocurrencia por parecer absurda, el especialista propone estimularla mediante preguntas que ayuden al menor a desarrollar su razonamiento.
La relación entre curiosidad, atención y memoria también ha sido objeto de investigación científica. En este contexto, fomentar que los niños formulen preguntas puede contribuir a que participen de manera más activa en su propio aprendizaje.
Sobreproteger también puede limitar el aprendizaje
Otro de los aspectos señalados por Bueno es la sobreprotección. El especialista considera que los niños necesitan enfrentarse a pequeños riesgos acordes con su edad para desarrollar la capacidad de evaluar situaciones y aprender a gestionarlas.
La sobreprotección aparece cuando los adultos realizan tareas que los menores ya están en condiciones de hacer por sí mismos. Aunque la intención sea evitar problemas, esta conducta puede reducir progresivamente su autonomía.
El experto también reivindica la necesidad de disponer de tiempo sin actividades programadas. Su propuesta contempla reservar aproximadamente una hora u hora y media diaria para que los niños puedan estar sin obligaciones concretas.
La razón no es promover la inactividad permanente, sino permitir que el cerebro descanse. Los procesos de descanso e incubación pueden favorecer la creatividad al ofrecer distancia temporal respecto a determinados problemas o tareas.
En definitiva, la propuesta de neurociencia en niños por David Bueno plantea cambiar el foco de la educación: menos obsesión por producir resultados inmediatos y más atención al desarrollo de la curiosidad, la autonomía, la confianza y el bienestar. Una estrategia que, paradójicamente, podría preparar mejor a los niños para seguir aprendiendo durante toda su vida.
Con información de La Vanguardia / Redacción Neuroweb
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