Dormir mal: las enfermedades que están detrás de no descansar bien

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Dormir mal no solo provoca el agotamiento físico del día siguiente; sus consecuencias pueden ocasionar grandes enfermedades. Aunque en la adultez es habitual justificar la fatiga constante por la rutina diaria, la edad o el estrés, la medicina advierte que un descanso deficiente no es algo normal, sino un factor de riesgo capaz de provocar distintas afecciones graves para el organismo.

El descanso nocturno es tan fundamental para la vida como alimentarse o respirar. De hecho, el National Heart, Lung, and Blood Institute de EE. UU. señala que la falta de sueño no solo implica dormir pocas horas, sino también hacerlo en horarios inadecuados, no lograr un descanso reparador o padecer algún trastorno que altere el ciclo natural del sueño. 

Según el organismo, no descansar lo suficiente está vinculado al desarrollo de enfermedades crónicas como patologías cardíacas o renales, hipertensión, diabetes, obesidad, depresión y accidentes cerebrovasculares. Sumado a estos riesgos metabólicos y emocionales, la falta de sueño eleva la probabilidad de sufrir accidentes viales, cometer errores en el trabajo o sufrir lesiones accidentales. 

Dormir mal: podría ocasionar enfermedades cardíacas

Mantener un descanso adecuado forma parte de la lista Life’s Essential 8, el conjunto de hábitos fundamentales que la American Heart Association promueve para cuidar el corazón. De acuerdo con esta entidad, los adultos deberían dormir entre 7 y 9 horas diarias para garantizar una protección cardiovascular óptima. 

Mientras el dormir mal genera enfermedades cardíacas y accidentes cardiovasculares, el descanso va mucho más allá de recuperar energías, mejorar la concentración y favorecer el buen humor.

Asimismo el cuerpo envía señales claras cuando sufre por un descanso insuficiente. Cambios de humor como la irritabilidad o la ansiedad, problemas en la memoria, lentitud para reaccionar y neblina mental son algunos de sus efectos. A esto se suman el bajo rendimiento diario, la dificultad para tomar decisiones y la aparición recurrente de antojos alimentarios. 

En la misma línea, el mal descanso puede interferir con el trabajo, los estudios, el manejo vehícular y la vida social. También, retrasa la capacidad de aprender, enfocarse, reaccionar y regula las emociones.

Malos hábitos afectan el descanso

Existen conductas diarias que afectan el descanso sin darnos cuenta. Entre las más comunes se encuentran llevar el celular a la cama, beber café en horas avanzadas o tomar alcohol y cenar pesado antes de acostarse. A esto se le suma la falta de rutinas fijas para dormir, extender la jornada laboral hasta el momento de apagar la luz y mantener la habitación en condiciones desfavorables de iluminación, ruido o temperatura. 

Según la American Heart Association, la forma en que dormimos afecta la salud a largo plazo. De hecho, la institución enfatiza que pequeños cambios en el uso de la tecnología, como regular la exposición a las pantallas antes de acostarse.

Dormir no es un lujo, sino una función vital del organismo. Sin embargo, su alteración crónica no solo perjudica la energía y el estado de ánimo diario. La evidencia médica demuestra que la falta recurrente de sueño está directamente vinculada al deterioro de la salud cardiovascular, metabólica, mental y respiratoria. 

El primer paso consiste en analizar tu rutina de descanso e identificar si la fatiga es constante, si te despiertas sin energía. Ante cualquiera de estas señales persistentes, la decisión más acertada es consultar directamente a un médico.

Información de Banca y Negocios / redacción Neuroweb

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