La respuesta del cerebro ante opiniones contrarias: ¿Por qué nos sentimos atacados?

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Cuando una persona escucha opiniones contrarias a la suya, la primera respuesta del cerebro suele ser detectar un “conflicto” antes de razonar. Esto explica por qué la persona puede sentir rigidez ante una idea que desafía lo que está exponiendo.

Además, escuchar y aceptar una opinión contraria no es solo un reto emocional, sino también un gran esfuerzo físico para el cerebro. Para lograrlo, este órgano debe procesar dos realidades opuestas al mismo tiempo: la propia creencia y el argumento del otro.

En este sentido, comparar ambas ideas para decidir si alguien debe cambiar de opinión es una tarea que consume muchísima energía. De manera tal que la mente prefiere, por naturaleza, evitar este tipo de desgaste.

La respuesta del cerebro ante opiniones contrarias

Según la evidencia neurocientífica, cuando alguien lleva la contraria, el cerebro de la otra persona no analiza los argumentos de inmediato. En su lugar, su reacción es identificar que “algo no encaja”.

En este proceso entra en acción la corteza cingulada anterior (CCA), una zona del cerebro que funciona como una especie de radar de conflictos. Es decir, se encarga de emitir una alarma cuando una persona escucha una idea diferente a la que ella cree.

Además de esta zona, también se activa la amígdala, que está implicada en la respuesta de amenaza. A esta se le suma la ínsula, que guarda relación con la manera de percibir el malestar en el cuerpo.

De allí que una persona pueda sentirse incómoda, amenazada o con algún síntoma físico ante una opinión diferente, incluso si no se le está confrontando directamente. Por ejemplo, puede experimentar tensión corporal o sensación de nudo en el estómago que puede terminar en darle cierre a la conversación. 

En la última etapa de la respuesta del cerebro ante estas situaciones se activa la corteza prefrontal dorsolateral. Esta se encarga de ejecutar acciones relacionadas con la planificación, la inhibición de impulsos y la toma de decisiones.

El papel del estrés

Un elemento fundamental en esta resistencia mental a opiniones diferentes a la propia es el estrés. Al respecto, cuando una persona se siente presionada o agotada, su sistema nervioso entra en un estado de alerta constante.

En consecuencia, la corteza prefrontal pierde fuerza, lo que se traduce en una dificultad para gestionar las emociones o mantener una conversación en calma cuando hay desacuerdo. Es decir, cuando hay estrés, el cerebro se “cierra” y resulta muy difícil escuchar activamente.

En entornos laborales de alta demanda, esta situación suele tornarse muy común. Esto puede ocasionar conflictos interpersonales, fallas en la comunicación y deterioro en el clima emocional organizacional.

La buena noticia es que existen prácticas para entrenar la respuesta del cerebro al escuchar opiniones contrarias. Entre estas destacan el mindfulness, los ejercicios de regulación fisiológica y emocional y escuchar con menos reactividad.

Información de BBC Mundo / redacción Neuroweb

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