La comprensión del comportamiento criminal ha sido objeto de estudio en diversas disciplinas, desde la psicología hasta la sociología. Sin embargo, los avances recientes en neurociencia ofrecen información sobre las razones por las que las personas cometen delitos.
El médico clínico estadounidense Patrick McCawley argumenta que el cerebro desempeña un papel mucho más importante en el comportamiento delictivo de lo que se creía. La neurociencia proporciona una mejor comprensión de los factores biológicos que contribuyen a la actividad delictiva, lo que permite replantear la perspectiva y abordaje del delito.
El papel del cerebro en la conducta delictiva
En primer lugar, examinar el papel del cerebro en la toma de decisiones y el control de impulsos es crucial para comprender la conexión entre la neurociencia y el comportamiento criminal
El cerebro regula el comportamiento, controla las emociones y toma decisiones. Ciertas regiones cerebrales son importantes para funciones ejecutivas como el juicio, la planificación y el control de impulsos.
Cuando estas áreas cerebrales están deterioradas o subdesarrolladas, una persona puede tener dificultades con el autocontrol, lo que lleva a comportamientos que se desvían de las normas sociales.
La corteza prefrontal es una parte clave del cerebro que regula funciones cognitivas como la toma de decisiones, el control de impulsos y el razonamiento moral. Cuando esta área se ve afectada, las personas pueden tener dificultades para evaluar riesgos, controlar impulsos o tomar decisiones acertadas.
Como resultado, quienes tienen daño en la corteza prefrontal pueden actuar impulsivamente, adoptar conductas de riesgo o cometer delitos sin considerar plenamente las consecuencias.
Junto con la corteza prefrontal, la amígdala (una región cerebral asociada con el procesamiento de emociones como el miedo y la agresión) también desempeña un papel crucial en el comportamiento.
Diversos estudios han demostrado que las personas con una amígdala hiperactiva son más propensas a la agresión y la inestabilidad emocional, lo que puede aumentar su probabilidad de participar en actos violentos.
La neurociencia, que estudia estas regiones cerebrales, sugiere que las conductas vinculadas a la actividad delictiva pueden tener su origen en el funcionamiento del cerebro, y no únicamente en comportamientos externos o aprendidos.
Genética y comportamiento criminal
Además de la estructura cerebral, la genética también influye en la configuración del comportamiento. La investigación neurocientífica sugiere que algunas personas pueden estar genéticamente predispuestas a ciertos comportamientos, incluidos los delictivos.
Esto no significa que alguien esté destinado a cometer delitos simplemente por su genética. Sin embargo, ciertos factores genéticos pueden hacer que las personas sean más propensas a la agresión, la impulsividad o el comportamiento antisocial, lo que podría aumentar la probabilidad de cometer delitos.
El gen MAOA ha atraído la atención en esta área. Este produce una enzima que ayuda a descomponer neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, que afectan el estado de ánimo y el comportamiento.
Algunas investigaciones han demostrado que las personas con deficiencia de esta enzima pueden presentar niveles más altos de agresividad. Si bien esto no implica que incurran en conductas delictivas, sí puede aumentar su probabilidad de actuar agresivamente en ciertas situaciones.
El impacto del entorno en el desarrollo del cerebro
A pesar de que la genética y la estructura cerebral influyen en la conducta delictiva, el entorno también puede tener un efecto importante en el desarrollo cerebral.
El cerebro es muy maleable, especialmente durante la infancia y la adolescencia, y las experiencias vividas durante estos años de formación pueden influir en su funcionamiento durante el resto de la vida de una persona.
Si un niño crece en un entorno marcado por el abandono, el abuso o el trauma, estas experiencias pueden interferir en el desarrollo de regiones cerebrales clave que regulan las emociones, el control de los impulsos y la toma de decisiones.
Las investigaciones demuestran que los niños expuestos a altos niveles de estrés o violencia pueden presentar anomalías en áreas como la corteza prefrontal y la amígdala, ambas cruciales para controlar el comportamiento y procesar las emociones.
Como resultado, estas personas pueden ser más propensas a presentar conductas agresivas o antisociales, incluyendo actividades delictivas.
Comprender el comportamiento criminal a través de la neurociencia
La neurociencia está cambiando nuestra perspectiva sobre la conducta delictiva, mostrando la influencia del cerebro en tales acciones. Expertos como McCawley señalan que regiones del cerebro, como la corteza prefrontal y la amígdala, desempeñan un papel fundamental en el control de los impulsos y la toma de decisiones.
Junto con la genética y las experiencias de vida, estos factores pueden influir en los comportamientos que conducen al delito. Lo emocionante es que la neurociencia también muestra la capacidad del cerebro para cambiar, ofreciendo nuevas maneras de ayudar a las personas a reconfigurar su pensamiento y reducir la conducta delictiva.
Este cambio de perspectiva podría conducir a una mejor rehabilitación y a un enfoque más compasivo de la justicia.
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