El uso de IA en las actividades escolares abre nuevas posibilidades para el aprendizaje, pero también plantea interrogantes sobre cuánto razonamiento están dejando de desarrollar los niños cuando delegan determinadas tareas en estas herramientas.
La psicóloga infantil Julieta Lucero Neirotti y la neurocientífica Estela Lladó-Carbó analizaron esta situación en el programa Claves del día, donde señalaron que el principal desafío no está necesariamente en la tecnología, sino en la forma en que los menores aprenden a utilizarla.
El análisis partió de una prueba con ChatGPT. En lugar de solicitar una respuesta directa a un problema matemático, se planteó que la herramienta guiara al menor durante la construcción del razonamiento. La experiencia permitió abordar la diferencia entre utilizar la IA como apoyo educativo y convertirla en un sustituto del proceso de aprendizaje infantil.
El riesgo de delegar el razonamiento en la tecnología
Desde la perspectiva de la neurociencia, Lladó-Carbó señaló que el problema puede superar la simple resolución de una tarea. Procesos como la toma de decisiones, el ensayo y error, el análisis, la generación de opiniones y la memoria de trabajo forman parte del desarrollo cognitivo que ocurre durante la infancia y adolescencia.
La especialista advirtió que una utilización excesivamente pasiva de la IA podría reducir las oportunidades para ejercitar esas capacidades. Por ello, considera fundamental que exista acompañamiento familiar y educativo durante la interacción con estas herramientas.
Neirotti también planteó que los menores deben aprender a cuestionar las respuestas obtenidas. Esto implica analizar la información, determinar si existe acuerdo con lo recibido y decidir qué elementos pueden resultar útiles. Bajo este enfoque, la IA funciona como un recurso para contrastar conocimientos y no simplemente como una máquina de respuestas.
Pantallas, sueño y concentración también entran en el debate de la IA en el aprendizaje infantil
Las especialistas también relacionaron el uso intensivo de dispositivos con otros aspectos del desarrollo. Lladó-Carbó explicó que utilizar pantallas hasta altas horas puede retrasar el sueño y alterar el ritmo circadiano, con posibles consecuencias sobre procesos vinculados con la consolidación de la memoria.
La fragmentación de la atención representa otro punto de preocupación. Las notificaciones y la interacción constante con dispositivos pueden dificultar períodos prolongados de concentración. Ante este escenario, la neurocientífica propuso combinar las herramientas digitales con métodos tradicionales como los libros, los esquemas y la escritura.
Neirotti, sin embargo, pidió evitar explicaciones simplistas. A su juicio, los problemas educativos no pueden atribuirse únicamente a las pantallas o a la inteligencia artificial, debido a la existencia de otros factores que también intervienen.
La propuesta: utilizar la IA como herramienta de comprobación
Las especialistas no plantean eliminar la inteligencia artificial del proceso educativo. Por el contrario, consideran que puede aportar beneficios cuando su utilización es guiada, supervisada y orientada al aprendizaje.
La recomendación pasa por establecer una interacción activa entre el menor y la tecnología. En lugar de entregar una tarea completa a la IA, el estudiante puede utilizarla para comprobar sus resultados, plantear preguntas y contrastar información.
Entre las pautas señaladas se encuentra realizar los deberes antes de la noche, evitar dispositivos dentro de la habitación durante el descanso y enseñar a los niños a verificar las respuestas obtenidas mediante IA.
El objetivo, en este contexto, no consiste en apartar a los menores de una tecnología que ya forma parte de su entorno, sino en evitar que la automatización reemplace aquellas actividades cognitivas que necesitan practicar durante su desarrollo.
Con información de La Vanguardia / Redacción Neuroweb
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