En una era marcada por noticias sobre violencia, división política y crisis, es natural sentirse abrumado. Sin embargo, es posible mantener los pies en la tierra mediante estrategias de conciencia plena.
Para no hundirse en el caos, el primer paso es etiquetar las emociones. Identificar el miedo o la tristeza reduce su impacto neurológico.
En lugar de evitar el sentimiento, experiméntelo. Las emociones son transitorias; permitirnos sentirlas, incluso el miedo, facilita la recuperación de la rutina.
Estar al día con las noticias sin angustiarse
Otro pilar fundamental es practicar una empatía racional. Existe una diferencia vital entre estar enterado y sumergirse en el dolor ajeno.
Identificarse en exceso con el sufrimiento conduce al agotamiento; en su lugar, intente comprender la perspectiva del otro sin perder sus propios límites.
Para recuperar el control, tome acciones tangibles. Cuide su lenguaje: evite el pensamiento catastrófico. Cambiar un «el mundo se acaba» por un «necesito mejorar X» transforma la parálisis en propósito.
¿Cómo lograrlo?
Finalmente, invierta en el gozo y respete sus límites. Agendar momentos de felicidad y ejercicio no es egoísmo, sino combustible para la resiliencia.
Establezca horarios específicos para informarse y evite el bombardeo constante.
Recuerde la analogía de la psicóloga Marsha Linehan: «Puedes visitar un cementerio sin necesidad de edificar una casa allí». Sienta el dolor, pero no se mude a él; así podrá contribuir a una verdadera sanación.
Información de The New York Times / Redacción NeuroWeb
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