¿Te ha pasado que ves un video de cocina hasta el final y, de repente, tus aplicaciones se llenan de recetas? Algo similar ocurre cuando reproduces música infantil un rato y Spotify asume que cambiaste de género favorito.
Lo mismo pasa en Netflix cuando dejas una serie a medias y el sistema te sugiere contenido idéntico. Aunque da la impresión de que leen la mente, la realidad responde a un registro constante de nuestras acciones digitales.
Cada pausa, búsqueda, reproducción o abandono funciona como combustible para los algoritmos. Su objetivo principal es anticipar cuál será la siguiente búsqueda.
Así funcionan los algoritmos de las aplicaciones
Mientras tanto, especialistas académicos explican que cada interacción deja una huella digital que los sistemas procesan con detalle. Analizan qué películas terminamos, el tiempo que escuchamos una música o los videos que decidimos ignorar en nuestro paso por las aplicaciones.
Asimismo, para lograrlo emplean métodos como el filtrado colaborativo, que cruza los gustos de usuarios con perfiles parecidos. También, usan el filtrado basado en contenido, comparando géneros, actores, ritmos e idiomas.
En la misma línea, el inconveniente surge cuando una simple curiosidad pasajera se interpreta como un gusto permanente. Esto genera las famosas burbujas de contenido, limitando la exposición a nuevas propuestas. Detrás de estas sugerencias precisas solo hay matemáticas, estadística e inteligencia artificial.
Cómo configurar tus aplicaciones favoritas
Por lo tanto, aunque no existe un botón único para borrar todo el historial algorítmico, las plataformas permiten corregir las señales que enviamos. Por ejemplo, en TikTok, los ajustes permiten actualizar el feed principal para empezar de cero sin perder cuentas seguidas.
Mientras que en el caso de Netflix, el usuario puede ingresar al historial de visualización para ocultar títulos específicos que alteren las sugerencias del sistema. Asimismo, Spotify cuenta con la opción de excluir canciones o listas atípicas del perfil de gustos personales.
En conclusión, el algoritmo se alimenta de nuestros hábitos cambiantes dentro de las aplicaciones. Modificar las señales equivocadas es suficiente para enseñarle a la tecnología que nuestros intereses también evolucionan.
Con información de NVI Noticias / Redacción Neuroweb
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