¿Por qué tu cerebro delata una risa espontánea y una fingida? Los secretos que descubrieron los científicos

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Una investigación científica demostró que la risa espontánea y una fingida generan cambios mecánicos y anatómicos muy distintos en el tracto vocal, lo que evidencia que una carcajada genuina y una sonrisa por compromiso movilizan circuitos neuronales y físicos totalmente diferentes.

De esta manera, la primera se origina de manera imparable ante un estímulo gracioso, una sorpresa o unas cosquillas. La segunda, en cambio, se activa de forma consciente y sin una alegría desbordante de por medio. También se utiliza habitualmente en el trato social para mostrar complicidad, simpatía o suavizar el ambiente en una charla.

Según una publicación de Scientific American, ambos tipos de risa se diferencian en la gestión del flujo de aire, el encaje con las palabras y la actividad cerebral que requieren. Una carcajada genuina surge en estructuras profundas ligadas a las emociones básicas. Mientras que la risa voluntaria utiliza áreas de la corteza motora encargadas del control consciente de la voz y la pronunciación.

Una risa espontánea y una fingida cambian la postura de la laringe

Por lo tanto, la risa natural funciona como un acto reflexivo e incontrolable. En el plano sonoro, destaca por la inestabilidad de sus tonos, una mayor agudeza en las frecuencias y cambios bruscos en la salida del aire comprimido en los pulmones. Generando un sonido estruendoso que rompe por completo con el ritmo estándar de la voz humana.

Una investigación de la revista Royal Society analizó mediante resonancia magnética en tiempo real cómo se organiza el tracto vocal al emitir diferentes sonidos. Los científicos Michel Belyk y Carolyn McGettigan examinaron a un grupo de adultos en un entorno controlado mientras producían una risa espontánea, risa fingida y vocales mantenidas.

Las imágenes médicas mostraron que, durante una risa genuina, la laringe baja de posición, la base de la lengua desciende y la parte posterior del paladar se abre sensiblemente. Este ajuste en la anatomía facilita un paso del aire libre y acelerado, sin trabas musculares, generando una salida de sonido repentina y sin contención.

Por su parte, la risa forzada se situó en un punto medio entre la carcajada genuina y la dicción habitual. Asimismo, al analizar la garganta, los expertos notaron que al reír por compromiso se posiciona la laringe y la boca de forma muy similar a cuando se emiten vocales corrientes, lo que refleja una manipulación intencionada de la voz.

Dos vías independientes en el cerebro producen los sonidos

En la misma línea, estas diferencias físicas en la garganta responden a una separación clara en el funcionamiento del sistema nervioso. La cual cuenta con dos vías neurológicas independientes para producir sonidos. El circuito vocal primario, actúa desde áreas profundas del cerebro asociadas al sistema emocional, desencadenando ruidos instintivos frente a situaciones de juego, amenaza o dolor.

Por otro lado, la risa forzada utiliza la vía neuronal que enlaza la corteza cerebral directamente con el rostro y la laringe. Esta red de desarrollo más reciente permite adquirir lenguas, cantar o replicar ruidos, brindando la capacidad de calibrar la intensidad, el tono y la extensión de una risa de compromiso para ajustarse a las exigencias sociales.

Además esta doble ruta neurológica justifica que nuestro oído posea una precisión milimétrica para identificar si una carcajada es genuina o un simple protocolo social. En distintas pruebas de escucha, los participantes reconocieron la autenticidad sonora en milisegundos, basándose en los sutiles ruidos y desajustes respiratorios que la simulación es incapaz de imitar con realismo.

Modula el diálogo y cumple una función reguladora

Del mismo modo, el uso habitual de este tipo de risa cumple una función muy positiva en el día a día. Más allá de verse como un gesto falso o manipulador, actúa como una clara señal de colaboración que reduce fricciones, válida la atención mutua y consolida los lazos en el entorno social.

En medio de una charla, esta risa tiende a colocarse estratégicamente en los silencios para no romper la continuidad de la conversación. Las investigaciones en lingüística señalan que rara vez se interrumpe una idea a mitad de camino para emitirla. Por su parte, se añade al concluir una frase, actuando como una señal de puntuación hablada que facilita la alternancia de la palabra.

De esta manera, Robin Dunbar, antropólogo y profesor emérito en Oxford, sostiene que la risa en grupo actúa como un acercamiento social a distancia. Mientras que otros primates precisan del contacto físico y la limpieza del pelaje para afianzar vínculos y mitigar fricciones, la especie humana desarrolló expresiones vocales grupales para conectar a múltiples individuos en simultáneo, activando la producción de endorfinas y reduciendo la tensión general.

Por último, aunque la prueba con resonancia magnética en tiempo real se limitó a una muestra pequeña de cinco personas adultas, sus hallazgos ofrecen pruebas sólidas sobre la flexibilidad del sistema vocal. La convivencia de una risa espontánea y una fingida demuestra cómo un impulso biológico instintivo evolucionó a lo largo del tiempo hasta convertirse en un sofisticado recurso de interacción social.

Con información de Infobae / Redacción de Neuroweb.

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