Si bien las fallas de memoria figuran entre los síntomas más evidentes del Alzheimer, la realidad biológica es que las alteraciones silenciosas en el cerebro se ponen en marcha mucho antes de que aparezca el primer olvido significativo.
Un despiste cotidiano, como no recordar dónde dejamos las llaves o el control de la televisión, forma parte de los pequeños tropiezos habituales del día a día. Sin embargo, perderse en rutas completamente familiares o perder la capacidad de ejecutar tareas rutinarias ya no es un simple despiste, sino una señal de alarma importante.
En plena conmemoración del Día Mundial de la Salud Mental este 10 de octubre de 2026, tanto en Chile como a nivel global, poner atención en el bienestar cerebral se vuelve una prioridad indispensable.
Por lo tanto, prestar atención a aquellas fallas de memoria que alteran la rutina diaria, tratar de manera oportuna la depresión y cultivar relaciones sociales sólidas son pilares fundamentales que demuestran cómo la salud emocional y la prevención de las demencias van de la mano.
¿Por qué los síntomas del Alzheimer nacen años antes?
Según el Dr. Álvaro Ardiles, la enfermedad no forma parte del proceso natural de envejecimiento. Si bien es normal sufrir pequeños despistes con los años sin padecer de Alzheimer, como perder temporalmente las llaves y acordarse al rato, debemos encender las alarmas cuando estos síntomas de memoria se vuelven constantes y dificultan las actividades cotidianas.
“Las estructuras de nuestro cerebro que nos permiten realizar todas nuestras actividades se van desconectando paulatinamente desde un par de décadas antes del inicio de los síntomas clínicos”, indicó Ardiles.
En la misma línea, conforme la enfermedad avanza, es capaz de comprometer otras funciones y restar independencia a la persona. Si notas modificaciones de esta índole, lo ideal es visitar a un especialista para determinar el origen.
Por lo tanto, un simple fallo de memoria no significa automáticamente que se trate de Alzheimer.
Avances para detectar y tratar antes
Por otro lado, Ardiles resalta los progresos logrados gracias a los biomarcadores, herramientas capaces de identificar indicadores biológicos de la enfermedad de Alzheimer.
En mayo de 2025, la FDA (agencia reguladora de EE.UU.) dio luz verde a un análisis de sangre diseñado para ayudar en el diagnóstico de adultos de 55 años en adelante que ya muestran indicios o síntomas, como fallas de memoria o razonamiento que requieren revisión médica.
Cabe destacar que este examen funciona exclusivamente como complemento diagnóstico para pacientes con deterioro cognitivo. Por lo que no es suficiente por sí solo para confirmar el padecimiento, ni tampoco está pensado como un test preventivo para quienes no presentan síntomas.
Asimismo, hay terapias enfocadas en la proteína amiloide, como el lecanemab y el donanemab. Dichas terapias, son capaces de desacelerar el avance del deterioro en ciertos pacientes que se encuentran en fases iniciales del Alzheimer.
Del mismo modo, Ardiles recalca que su eficacia puede cambiar según el caso. Además, que su aplicación depende tanto del costo como del perfil de cada persona. Estos medicamentos no curan ni revierten el padecimiento, por lo que exigen una valoración y supervisión médica constante.
Según el investigador, hay dos grandes mitos que retrasan la detección a tiempo. Asumir que el Alzheimer es exclusivo de la tercera edad y convencerse de que no hay nada que se pueda hacer para intervenir.
Con información de El Mostrador / Redacción de Neuroweb.
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